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La Jornada·17 de agosto de 2026 a las 8:21

El Correo Ilustrado

El papel de un gato muerto en la adolescencia me llevaba, como a millones en el mundo, a un corazón de mariposa que nunca cambió: el de Federico García Lorca. ¿Cómo pudo aquel poeta, niños buenos del prado de su Balada triste, tener la magia que rebasó críticas y se hizo eterna en su obra? Mi papel en un montaje de Así que pasen cinco años era sólo una de las representaciones que se daban en el mundo en ese entonces, el siglo pasado. Y los gruesos libros de Aguilar que menciona en su excelente comentario en La Jornada Semanal (16/8/26) Marco Antonio Campos eran motivo de pleitos para ver quién

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